Decorar una pared empieza por una decisión que casi nadie toma de forma consciente: cuántas piezas va a tener. Una sola lámina con aire alrededor y una pared llena de marcos no son dos gustos, sino dos tradiciones con fecha y lugar, y saber de dónde viene cada una ayuda a elegir.
Cómo decorar una pared: primero, cuántas piezas
Para decorar una pared con láminas hay que decidir primero si va a llevar una sola pieza, una pareja o una composición de varias, y después la escala: una pared grande pide una lámina grande o un conjunto centrado; una pequeña, piezas pequeñas. Lo demás, altura, separación y marco, sale de esa primera decisión.
De dónde viene la pared llena de marcos
La composición de muchas piezas, de suelo a techo, tiene nombre: es el colgado de Salón. Viene de la exposición periódica de la Real Academia de Pintura y Escultura de Francia, que empezó en París en 1667 y desde 1725 se celebró en el Salon Carré del Louvre. Había que meter muchas obras en una sala, explica el Milwaukee Art Museum, y se colgaban tan juntas como se podía.
El sitio en esa pared era una cuestión de rango. En la Royal Academy de Londres, las pinturas de historia y los grandes retratos de los artistas célebres iban «en la línea», con el borde inferior a ocho pies del suelo, unos 2,4 metros; las obras pequeñas, debajo, y las de los menos conocidos, casi en el techo, donde costaba verlas. Estar ahí arriba tenía hasta verbo en inglés, y los pintores lo temían.
Y de dónde viene la lámina sola
Colgar una obra sola, con espacio alrededor y sobre pared clara, es un invento del siglo XX. Según la Tate, la pared blanca se introdujo a principios de siglo como respuesta a la abstracción: los artistas de De Stijl y de la Bauhaus preferían exponer sobre blanco para reducir la distracción, y se pensaba que el blanco hacía de marco, como el borde de una fotografía. En 1929, Alfred Barr llevó al Museum of Modern Art de Nueva York las pinturas muy espaciadas sobre paredes neutras que había visto en Alemania, para que cada una pudiera apreciarse por separado.
La elección práctica sale de ahí. La pieza sola pide a quien mira que se detenga en ella; la composición enseña un conjunto y tolera que ninguna pieza sea extraordinaria.
Una sola lámina grande
Una sola lámina grande es la opción que más luce en una pared despejada. Funciona en 50 × 70 cm o en A1, y pide una obra que aguante sola, con una figura clara o un color que mande: la gran ola de Hokusai o un estampado de William Morris como el Strawberry Thief llenan un muro entero.
Láminas en pareja o en tríptico
Dos o tres láminas de la misma serie, del mismo tamaño y a la misma altura, ordenan una pared casi sin esfuerzo. Los tres Altarpiece de Hilma af Klint se pintaron como serie y funcionan como tríptico; los lirios blancos y los lirios morados de Ogawa Kazumasa, como pareja. Como todos los formatos A tienen la misma proporción, se pueden mezclar tamaños sin que la composición se desordene.
Una composición de varias láminas
Una composición de varias láminas tiene dos formas. La simétrica coloca el mismo número de piezas arriba y abajo, con la misma separación, hasta formar un cuadrado o un rectángulo. La libre mezcla tamaños alrededor de una pieza central. Una serie como las cartas del tarot, todas del mismo formato, es ideal para una cuadrícula.
La separación entre láminas, según la guía de Misswood, es proporcional a su tamaño, con un mínimo de 5 a 10 centímetros. Antes de colgar nada, conviene recortar papeles del tamaño de cada marco y pegarlos en la pared para ver el conjunto.
A qué altura se cuelga una lámina
No hay una altura oficial para colgar una obra, aunque en internet se repita una. La cifra de 145 centímetros al centro, o 57 pulgadas, se presenta en muchas guías como «la altura de los museos»; al buscar su origen solo encontramos tiendas y blogs que no citan ningún museo. Lo más parecido a una norma publicada es la del Smithsonian para los textos de pared de sus exposiciones: con el eje a 137 centímetros quedan a la altura óptima para todo el mundo, y entre 122 y 167 se leen con comodidad de pie y sentado.
Sirve como referencia: el centro de la lámina entre 137 y 150 centímetros, más cerca de lo primero donde se está sentado, como un salón o un comedor, y de lo segundo donde se pasa de pie. Lo que sí es un error seguro es colgar alto, a la manera de los que acababan en el techo del Salón.
Cómo decorar la pared encima del sofá
Encima de un sofá, un aparador o un cabecero, la lámina o el conjunto debe medir al menos dos tercios del mueble y no sobrepasarlo. Es una regla de oficio, sin norma detrás, que recogen guías como la de Misswood, y funciona porque ata la pieza al mueble. La distancia entre el mueble y el borde inferior va de 15 a 30 centímetros: la obra tiene que quedar más cerca del mueble que del techo. Qué tamaño de lámina va con cada sofá está en la guía de medidas. Cada habitación tiene además su guía: cómo decorar un salón, cómo decorar las paredes del dormitorio, cómo decorar las paredes de la cocina y cómo decorar un pasillo.
Cómo decorar una pared blanca
Una pared blanca hace de marco de lo que se cuelga en ella, que es una de las razones por las que los museos la adoptaron. Por eso admite una lámina de color intenso sin que la habitación se recargue. Tiene una consecuencia para las láminas con margen blanco impreso: sobre pared blanca, el margen se funde con la pared y el único borde que queda es el marco, así que conviene un marco con contraste, negro o de madera, y no uno blanco.
Láminas y espejos en la misma pared
Un espejo puede entrar en una composición como una pieza más, siempre que respete la misma separación y la misma línea que las láminas, y que no compita en tamaño con la principal. Para colgarlo todo sin agujeros, la guía de cómo colgar una lámina sin taladrar. Las láminas, en láminas decorativas.